Imagina que sin previo aviso se hace de noche a las siete y media de la tarde. Para un perro, que mide el día por la luz y las rutinas, ese cambio brusco es desconcertante.
La oscuridad repentina puede alterar sus ritmos biológicos y provocar confusión o ansiedad. Además, como en numerosas ocasiones el cielo se oscurece antes de una tormenta, algunos pueden haber aprendido a asociar ese cambio de luz con la llegada de mal tiempo, especialmente aquellos que ya sufren miedo a los truenos.
Si tu perro tiende a ponerse nervioso con los ruidos fuertes, los cambios de luz, o las tormentas, el eclipse puede hacer que gima, camine de un lado a otro, jadee o busque un rincón donde esconderse.
Es esencial mantener las rutinas habituales durante el eclipse para transmitir una sensación de normalidad y reducir la probabilidad de que aparezcan conductas relacionadas con el estrés.
Si se esconde, no lo obligues a salir, respetar su espacio es la mejor ayuda que puedes darle, hablarles con suavidad, acariciarlos y ofrecerles su premio favorito durante los minutos de mayor oscuridad.